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  • EDERA 09, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 120x170 cm. 2012

  • EDERA 13, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

  • EDERA 12, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

  • EDERA 11, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 120x165 cm. 2012

  • EDERA 10, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

  • EDERA 02, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

  • EDERA 08, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 120x170 cm. 2012

  • EDERA 04, serie Edera

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

  • EDERA 06, serie Edera

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 120x170 cm. 2012

  • EDERA 01, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

  • EDERA 09, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 120x170 cm. 2012

  • EDERA 13, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

  • EDERA 12, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

  • EDERA 11, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 120x165 cm. 2012

  • EDERA 10, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

  • EDERA 02, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

  • EDERA 08, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 120x170 cm. 2012

  • EDERA 04, serie Edera

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

  • EDERA 06, serie Edera

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 120x170 cm. 2012

  • EDERA 01, serie Edera.

    Instalación realizada con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro. C-Print. 150x120 cm. 2012

EDERA

Edera is a photographical series depicting installations in the city of Rome. All these installations use synthetic ivies coated with black acrylic paint, and they show the aggressive invasion of an architectonic space by subtle shapes, more specifically by the subtle forms of nature. Resistance and Invasion do not preclude subtlety or beauty.

The choice to use a most inoffensive plant - or, to put it in other words, a most delicate, slender and fragile plant - that is, at the same time, a tremendously aggressive, resistant and vigorous creature, is dictated by this very contradiction, by the opposition between the appearance and the nature of the plant, and also, by my own interest in possessing/invading spaces.

The ivy (Hedera) weaves from a central spine, with leaves in all directions, not leaving any empty spaces, and hangs, or crawls, securing every inch of gained space. With its long delicate threads it can grow through walls, or accommodate to the cracks and weaknesses of any surface it chooses to cover. It rests firmly on small adhesive pads and then keeps going ahead. It can adapt to any directions, any volumes or any angles that architecture has to offer. The spaces to which it clings on with a calm demeanour will ultimately disappear, remain in the background, or vanish in the darkness created by the impenetrable maze of leaves. This interweaved network becomes almost a new solid layer, changing the structure and the composition of a wall, an object, a column, or the whole façade of a building; ultimately, it will transform any architectural item into something organic, flexible and fragile. The ivy creates a succession of sheets and small shapes that undermine the angles, the gravity, and the density of a wall, or of any other volume.

Its aggressive behaviour does not bother us, it escapes our gaze while the ivy keeps moving on. It is a subtle, but firm and thorough creature. It hangs about looking for the next surface to invade, it moves and sprawls incessantly. But still we accept it - no, rather, we admire it - while it pours down its branches over buildings, while it strokes the surfaces of human constructions. In this particular case, further, it invades with a black taint, extracting the light from these surfaces, creating a private and obscure flourishing in each of them.

EDERA

Edera conforma una serie de fotografías de instalaciones realizadas en distintos espacios arquitectónicos, elaboradas con hiedras artificiales pintadas con acrílico negro, jugando así entre las diferentes formas que crean la superficie del espacio a intervenir y el elemento común (la hiedra) de toda la serie. Con dichas imágenes/instalaciones pretendo mostrar la agresividad de la invasión del espacio por parte de lo sutil de las formas o mejor dicho, de lo sutil de la naturaleza. Resistencia/invasión no se opone a lo delicado ni a la belleza.

La elección de una de las plantas en apariencia más inofensivas o por decirlo de otra manera, delicadas, estilizadas, frágiles pero al mismo tiempo agresivas, resistentes, vigorosas, viene dada por una parte por esa doble característica o casi opuesta entre apariencia y su realidad, y por otra, debido a la misma ambición de poseer/invadir el propio espacio.  

La hiedra (hedera) entrelaza a través de una columna vertebral sus hojas en varias direcciones, no deja casi huecos, se descuelga o asciende asegurando cada centímetro por avanzar. A lo largo de sus delicados hilos atraviesa los agujeros de las paredes, penetra por cualquier grieta/doblez, de la superficie que ha escogido recubrir. Se deposita firmemente con pequeñas ventosas y sigue avanzando. Resiste a cada dirección, a cada volumen, a cada inclinación de su arquitectura. Los espacios a los que se agarra imperturbablemente, desparecen, se hunden en un plano posterior, se desvanecen en la oscuridad que proyectan sus hojas casi impenetrables. Ese amasijo deshilachado que se vuelve casi masa, cambia la estructura,  la composición  de una pared, de un objeto, de una fachada, de una columna, al fin de cuentas, de cualquier arquitectura y la convierte en orgánica, móvil, frágil. Una sucesión de planos, volúmenes más pequeños, que desafían las direcciones, la gravedad, la densidad de un muro, de cualquier volumen. 

A pesar de la brutalidad de la naturaleza invasora, se mantiene una estructura arquitectónica de fondo. Se respeta, de alguna manera, los juegos de superficie. Así, la instalación se convierte en una especie de dibujo que rellena o pondera la propia extensión a invadir. Dibujo objetual con sus claroscuros, dentro del negro, que al mismo tiempo se relaciona con las otras formas que lo rodean, en una oscuridad que crea los matices para ser fotografiada; mientras invade de negro, mientras extrae de luz, cada plano con su propio jardín.

Simbología del color

Por otra parte el negro es la negación de la luz. No es la primera vez (en mi serie Rutas Negras pintaba la superficie del suelo con pigmento natural negro) que en mis instalaciones utilizo este color como negación de luz, queriendo crear así un paralelismo entre este color como símbolo de la falta de luz y el propio lenguaje fotográfico, vinculado necesariamente a la presencia de la luz para su propia existencia. Así, el negro no está unido necesariamente a una apariencia tétrica, oscura o incluso fúnebre, sino a una superficie desigual y en el caso de esta serie, orgánica, sobre la que, a través del reflejo de la luz, se transforma su propia naturaleza. 

El espacio y la luz

Según Leibniz el espacio sólo existe en cuanto algo lo ocupa y sólo es posible en el sistema de relaciones de las cosas que lo ocupan. Los espacios escogidos para las imágenes han ido en dos direcciones: por una parte espacios clásicos, donde la arquitectura cobra más importancia que la propia acción/instalación en ella. Los elementos que componen esos espacios tienen una significación en sí pero siempre hacen referencia a espacios del pasado, a una arquitectura concreta que se relaciona con elementos de tiempos y ambientes antiguos. La fuerza de esas arquitecturas es tal, que la instalación pasa a un segundo plano y nuestra mirada, engañada por nuestro cerebro, reconstruye una nueva realidad e integra la hiedra en estos espacios de una forma casi natural. Para no facilitar este engaño, los lugares escogidos, son todos espacios interiores, la mayoría iluminados con luz artificial, muy pocos con luz natural, pero siempre en entornos encerrados: un claustro, una cripta, una tumba, una biblioteca, una escalera...

La segunda línea de elección de espacios se ha centrado más en la artificialidad de los mismos, radicalizando tanto el propio lugar como la luz que lo contiene. De esta manera, estos lugares son residuos de la arquitectura, pequeños espacios que quedan vacíos entre las estancias principales de la misma, sin un fin concreto de funcionalidad, lugares de paso sin una aparente utilidad. Estos lugares “sin sentido”, forman parte, igualmente, de nuestro ir y venir por los espacios. La intervención sobre ellos les otorga un protagonismo que hace descubrir su propia belleza. Es más, son espacios auténticos por sí solos, por su no sentido, por su no funcionalidad, por su no fijación por la ornamentación, por su no luz, por su no belleza. Aun así espacios interiores (físicos o mentales) por invadir, más artificiales aun, sintéticos casi, con un elemento central que puede servir como punto de fuga o quedarse en ellos respirando el aire tóxico de las hiedras.

Por último, la luz, elemento con el que se escribe la fotografía, en el que se inscribe la escena mostrada. La luz escogida en estas imágenes, en esos lugares, es una luz artificial, fría, con las dominantes que la originan. No corregida, mostrando tal cual la frialdad de su artificialidad. Es una luz que afea el espacio que ilumina. Precisamente he querido huir de la luz que idealiza los espacios (como ocurre en mi serie Palmehuset) para provocar aun más la sensación de artificialidad. De esta manera el espacio ficticio se apropia de los colores (las dominantes) de manera natural, coloreando las hiedras y devolviéndolas casi sus tonos originales. Cianes, verdes, amarillos, naranjas, no son los colores de las hojas que configuran las superficies, o sí, dentro de los negros encerrados, sin sustancializar ni el espacio ni el tiempo como seres independientes del hombre.