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  • KANZEL 07, serie Kanzel

    C-Print. 120x170 cm. 2015

  • Kanzel 07 exterior, serie Kanzel

    C-Print. 120x170 cm. 2015

  • KANZEL 05, serie Kanzel

    C-Print. 120x170 cm. 2015

  • Kanzel 05 exterior, serie Kanzel

    C-Print. 50x65cm. 2015

  • KANZEL 08, serie Kanzel

    C-Print. 120x170 cm. 2015

  • Kanzel 08 exterior, serie Kanzel

    C-Print. 50x65cm. 2015

  • KANZEL 09, serie Kanzel

    C-Print. 120x170 cm. 2015

  • Kanzel 09 exterior, serie Kanzel

    C-Print. 50x65cm. 2015

  • KANZEL 13, serie Kanzel

    C-Print. 120x170 cm. 2015

  • Kanzel 10 exterior, serie Kanzel

    C-Print. 50x65cm. 2015

  • KANZEL 19, serie Kanzel

    C-Print. 120x170 cm. 2015

  • Kanzel 14 exterior, serie Kanzel

    C-Print. 50x65cm. 2015

  • KANZEL 15, serie Kanzel

    C-Print. 120x170 cm. 2015

  • Kanzel 19 exterior, serie Kanzel

    C-Print. 50x65cm. 2015

  • KANZEL 21, serie Kanzel

    C-Print. 120x170 cm. 2015

  • Kanzel 21 exterior, serie Kanzel

    C-Print. 50x65cm. 2015

KANZEL

En Kanzel, se establece un recorrido desde las 21 casetas que se ubican como pequeños puntos anclados en el paisaje, registrando el terreno de un lugar a partir de tres naturalezas distintas: el campo, el borde del bosque y el bosque. Una especie de topografía del terreno a través de esos puntos de observación. Pero ese recorrido tiene un fin muy concreto; las casetas están situadas en puntos estratégicos según una finalidad: ver y no ser vistos.

PUNTO DE VISTA

El punto de vista de estas imágenes viene dado. Está determinado por el viento, por la topografía del lugar, por el trayecto de los animales y por la capacidad de mirar mejor. Al fin y al cabo, un punto de vista elevado en la mayor parte de los casos, situado por encima de los caminos o a la altura de los árboles. No responde, por tanto, a un punto de vista deseado o a la selección de una porción de naturaleza anhelada. No se acerca a la imaginación del lugar o a una narrativa estética. No pretende ese instante único o un acontecimiento codiciado. El punto de vista viene marcado por las líneas de un eje, vertical en la altura de la caseta y horizontal en la geografía sin límite. Delante, se dibujan unos signos figurados, que se despliegan sobre el plano ficticio de la ventana. Fotografiar desde ese punto no es más que una modulación del hilo del paisaje que se encuentra condicionado por la caza. Nada más. No hay elección.

LA ESTRUCTURA DEL ESCONDITE (KANZEL)

La caseta encierra las expectativas de ver, de desear, de encontrar y principalmente, de obtener. Una estructura en cuyo interior se aprisionan silenciosas horas de espera y soledad. Pero es una espera reconfortante, intencionada, donde el paso del tiempo es un gesto de intimidad. Y es una soledad que, sin embargo, regala una sólida identidad de uno mismo.

La caja de la caseta como estructura fotográfica en cuyo interior se proyecta la realidad que se encuentra frente a ella. Como si de una camera obscura se tratara. Y un orificio, la ventana, que sirve como límite franqueable, una diminuta frontera entre lo externo y su proyección. Sin embargo, en este caso, es el observador el que actúa como superficie sensible donde fijar esa imagen procedente de fuera. Es en el observador y su existencia en ese espacio, su mirada, su inconsciencia, su memoria, donde se afianza esa porción de paisaje. Quizá no se es consciente que esa panorámica recortada que se observa a través del marco de la ventana, permanecerá adherida indefinidamente a los sentidos y a las sensaciones.

LA ESTRUCTURA DEL LÍMITE

Un elemento eminentemente arquitectural, como es la ventana, ocupa el lugar de la mirada. La ventana de la caseta responde, en la mayoría de los casos, a un formato panorámico. Sin embargo, estas imágenes muestran un doble encuadre. Por una parte, lo que el límite de la ventana deja ver: el paisaje al otro lado, por otra, el entorno desde el que se fotografía, encuadrando nuevamente ese paisaje pero también parte del entorno desde el que se observa. Los diferentes formatos, el de la cámara y el de la ventana, se encajan o se distancian entre ellos. Eso provoca que el espectador se adentre o bien en los misterios del paisaje, o en los misterios del interior de la caseta. En cualquier caso, el mismo marco a la vez que distancia al espectador respecto de lo observado, lo incluye, hace de él el elemento central: todo se dispone en función de la mirada del que se encuentra ante la ventana. En su mirada -que es la nuestra- se origina, el mundo de lo que se ve.