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  • ARANTXA, serie Lectoras.

    C-Print. 41x31 cm. 2010

  • JASMINE, serie Lectoras

    C-Print. 41x31 cm. 2010

  • AMALIA, serie Lectoras.

    C-Print. 41x31 cm. 2010

  • ESTHER 01, serie Lectoras.

    C-Print. 41x31 cm. 2010

  • ANUSKA 02, serie Lectoras.

    C-Print. 41x31 cm. 2010

  • LUCÍA, serie Lectoras.

    C-Print. 41x31 cm. 2010

  • IVANA, serie Lectoras.

    C-Print. 41x31 cm. 2010

READERS

Readers is a portrait project, made from a historicist point of view. I look at history recreating a time from the past, taking it as an inspirational model, and adapting it to present times. The project plays thus with my own interpretation of the past.

In the beginning there was XVIIth century painting and sculpting. This is the baroque period of grandiosity and vehemence, imitation of nature and pathos: the see-through lid of the abyss. Here we enter a whirlwind of opposites, the world of 'chiaroscuro', where a beam of light is able to pierce through the most enigmatic darkness showing us the surface of a transparent iris or the glow of polychrome wood. Side by side, true darkness, dense, closed, unbeatable, firm and terse.

Take Godfried Schalcken, De la Tour or Terboch, for instance. In them we'll see a 'sober' part of the canvas where there is a dominance of dimmed browns, ochre or grey. But then there is, side by side, an explosion of yellow or vermillion. Further, everything is bound and punctuated by a dense black that gives depth to the image, and becomes the key to the appearing and disappearing of the figures.

The theme: a genre recovered from the past. We look back to XVIIth century painting. In Holland - the country where auction of seeds started - pictures of reading women are sought-after and proudly displayed, competing with landscapes and marine views. These paintings describe, or study, the visible aspects of intimacy. A woman that reads a text, which usually remains a secret to the viewer. There is therefore a game of sorts with the missing words, the content of which can only be inferred by what is reflected in the gaze of the reader. If we move closer, we can try to carefully peek into the ambiguous meanings of the hidden words she is reading, we can get tangled in the dialogue with the other - missing - side. The text is only recognisable through her expression, the text has been frozen in that expression, and we are watching it.

The moment: a young woman from present-times is reading something on an illuminated screen. Similarly to what happened in the baroque 'chiaroscuro', only what is illuminated is visible. The rest is darkness. Nowadays we live in a world illuminated by transient technology, and obsessed by immediacy, by the fast transmission of contents. We live therefore in the era of artificial colours: the warm amber colours of the candles of the past have been substituted by the bluish glare of our screens. Electric, bright, shrill screens, in which we read words and images. They are with us at all times - in our pockets, now. Sometimes they buzz us, they require our attention to show us the words, the grammar of immediacy. The very nature of humans might be affected, but we can't stop now, we keep on walking, reading a piece of landscape on a screen, interpreting a piece of the world. In reading, in going ahead, are we reinterpreting our nature?

LECTORAS

Lectoras; proyecto de retrato clásico desde un punto de vista histórico. Lo histórico visto desde la recreación del tiempo, partiendo del pasado como modelo de inspiración, adaptándolo al presente, como forma de interpretación.

En el inicio: la pintura y escultura del siglo XVII, periodo barroco de grandiosidad y vehemencia, naturalismo y teatralidad. La tapa transparente de un abismo. Nos inducimos en el remolino de los opuestos, el claroscuro, una fuente de luz que lo muestra todo, no solo la superficie de las pupilas cristalinas o las pieles policromadas de madera que brillan con destellos propios. A su lado el negro, densidad cerrada, irreductible, preciso, sin defectos.

Un ejemplo: Godfried Schalcken, de la Tour, Terborch, donde en lo “sobrio” de la pintura dominan los marrones apagados, los ocres y los grises, luego una explosión de color amarillo o bermellón. Todo se une a un negro que nos condensa en lo profundo, nos articula al mismo tiempo en la aparición y la desaparición.

El tema: un género raptado del pasado. Volvemos a la pintura del siglo XVII. En holanda- país de las semillas subastadas- las mujeres leyentes ocupan las paredes más respetadas junto con paisajes o marinas. Describen o estudian la estructura visible de lo íntimo. Una mujer lee un texto que desconocemos. La escena describe o estudia la estructura visible de lo íntimo. Un diálogo con la palabra ausente, mostrada únicamente en el reflejo de la pupila iluminada.  Desde la distancia más cercana, nos asomamos con discreción a la ambigüedad disimulada de las palabras leídas, nos inmiscuimos en el diálogo con lo ausente. El texto plasmado en una expresión, condensado en un instante que se ha trasladado al presente. 

El momento: una joven contemporánea lee sobre una pantalla que la ilumina. Del mismo modo que en el claroscuro barroco, sólo lo iluminado existe. El resto es oscuridad. Vivimos una actualidad iluminada por la tecnología de lo efímero y fijada en la lectura de lo inmediato, estamos en la era de la luz artificial y lo táctil. Los colores anaranjados de las velas de lo remoto han pasado al destello de los azules de nuestras pantallas. Eléctricas, dinámicas, frías, en ellas vemos todos nuestros mensajes que ya no encuentran distancia. Leemos en ellas las palabras y las imágenes, nos acompañan en nuestros bolsillos. A veces vibran, nos aclaman de nuevo las palabras, las frases, la gramática de lo inminente. La naturaleza de nuestra identidad individual ha cambiado pero seguimos caminando, leyendo un trozo de terreno, descifrando un pedazo de mundo. El camino como la lectura: ¿interpretamos nuestra naturaleza?