Skip to content

LECTORAS

Lectoras; proyecto de retrato clásico desde un punto de vista histórico. Lo histórico visto desde la recreación del tiempo, partiendo del pasado como modelo de inspiración, adaptándolo al presente, como forma de interpretación.

En el inicio: la pintura y escultura del siglo XVII, periodo barroco de grandiosidad y vehemencia, naturalismo y teatralidad. La tapa transparente de un abismo. Nos inducimos en el remolino de los opuestos, el claroscuro, una fuente de luz que lo muestra todo, no solo la superficie de las pupilas cristalinas o las pieles policromadas de madera que brillan con destellos propios. A su lado el negro, densidad cerrada, irreductible, preciso, sin defectos.

Un ejemplo: Godfried Schalcken, de la Tour, Terborch, donde en lo “sobrio” de la pintura dominan los marrones apagados, los ocres y los grises, luego una explosión de color amarillo o bermellón. Todo se une a un negro que nos condensa en lo profundo, nos articula al mismo tiempo en la aparición y la desaparición.

El tema: un género raptado del pasado. Volvemos a la pintura del siglo XVII. En holanda- país de las semillas subastadas- las mujeres leyentes ocupan las paredes más respetadas junto con paisajes o marinas. Describen o estudian la estructura visible de lo íntimo. Una mujer lee un texto que desconocemos. La escena describe o estudia la estructura visible de lo íntimo. Un diálogo con la palabra ausente, mostrada únicamente en el reflejo de la pupila iluminada. Desde la distancia más cercana, nos asomamos con discreción a la ambigüedad disimulada de las palabras leídas, nos inmiscuimos en el diálogo con lo ausente. El texto plasmado en una expresión, condensado en un instante que se ha trasladado al presente.

El momento: una joven contemporánea lee sobre una pantalla que la ilumina. Del mismo modo que en el claroscuro barroco, sólo lo iluminado existe. El resto es oscuridad. Vivimos una actualidad iluminada por la tecnología de lo efímero y fijada en la lectura de lo inmediato, estamos en la era de la luz artificial y lo táctil. Los colores anaranjados de las velas de lo remoto han pasado al destello de los azules de nuestras pantallas. Eléctricas, dinámicas, frías, en ellas vemos todos nuestros mensajes que ya no encuentran distancia. Leemos en ellas las palabras y las imágenes, nos acompañan en nuestros bolsillos. A veces vibran, nos aclaman de nuevo las palabras, las frases, la gramática de lo inminente. La naturaleza de nuestra identidad individual ha cambiado pero seguimos caminando, leyendo un trozo de terreno, descifrando un pedazo de mundo. El camino como la lectura: ¿interpretamos nuestra naturaleza?

 

READERS

Readers is a classical portrait project, in the historicist sense of the term. History as re-enactment of times past, as a standard for inspiration and adaptation to present times, an exercise of interpretation.

The starting point is 17th century painting and sculpture, the baroque period of magnificence and fierceness, naturalism and histrionics. The see-through lid of an abyss. Here we enter a whirlwind of opposites, ‘chiaroscuro’, a beam of light revealing it all, not just the crystalline surface of an iris or the glow of polychrome wooden skin. And next to it blackness, in all its density, unyielding, firm and terse.

By way of an example, take Godfried Schalcken, De la Tour or Terboch, where a ‘restrained’ side of the canvas is usually dominated by dimmed browns, ochre and grey. And then, side by side, an explosion of yellow or vermillion. Everything bound together by a pitch-black which drives us into the depth, articulating our sight of a simultaneous appearance and disappearance.

The subject-matter is a genre abducted from the past. We hark back to Dutch 17th century painting. Pictures of reading women are proudly displayed in the most respected halls, competing with landscapes and marine views. These paintings depict and reflect upon the visible aspects of intimacy. A woman that reads a text not known by the viewer. A dialogue with missing words, the content of which can only be inferred by what is reflected in the lady’s gaze. From the nearest distance, we are cautiously peeking into the feigned ambiguity of her reading, meddling in her dialogue with an absent counterpart. A text portrayed in gesture, frozen in time and transferred to the present day.

A present-day young woman is reading something on a screen that is lighting her up. As in the ‘chiaroscuro’ from the baroque period, only what is lit up exists. The rest is darkness. We live in a world illuminated by the technology of ephemerality, fixated on the reading of immediacy, an era of artificial light and the multi-touch interface. The warm amber colours of the candles of yore have given way to the bluish glare of our displays. Electric, dynamic and cold, our screens allow us to read messages that crush any distance. In them we find words and images and we carry them in our pockets. With their vibration they call our attention to new words and sentences, the grammar of immediacy. The very nature of our individual identity may have changed, but we keep on our way, reading a piece of landscape, deciphering a piece of the world. Reading as a path: are we interpreting our nature?