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  • SERENOA_MADRID, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • PHOENIX_MADRID, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • MAPORA_MADRID, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • HOWEA_BERGEN, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • SYAGRUS_BERGEN, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • DYPSIS_COPENHAGUE, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • SABAL_LISBOA, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • FILIFERA_LISBOA, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • FALKIA_LISBOA, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • PHYLLIS_LISBOA, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • BISMARKIA_FRANKFURT, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • HEDERA_BERLIN, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • LIVINSTONA_LONDRES, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • JESSENIA_EDIMBURGO, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • MAURITIA_AMSTERDAM, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2008

  • CYATHEA_LYON, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • PACHIRA_LYON, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

  • MANICARIA_LONDRES, serie Palmehuset.

    C-Print. 135x113 cm. 2007

PALMEHUSET

Palmehuset means Palm House in Danish. This work, which started in Norway in the botanic garden of Bergen is a tour between hot and cold, wild and structured, between liberty and the strictest order. But they are also images showing the power of adaptation, coexistence and survival. In my work, which shows a series of places, life experiences or intentions, schemes of what you look at. Palmehuset are Palm Houses in European cities, above all in Northern Europe like Norway, Denmark, Germany and Austria. These greenhouses, located inside botanical gardens, often forgotten, revive old times when species of far away places were kept like large living treasures. Every important family during the 18th and 19th century possessed its own “Garden of Delights”, as an exotic luxury. Following the line of my work about the world of luxury with its relation to a decadent past, the botanic garden remains like an island within the modern cities with their frenetic life, exploitation and selfishness.

In the Palm Houses there is also selfishness, selfishness for the space, the colours, the texture of their leaves, the light. In these places light is what gives life – just as on the photo – to each of the species pushing upward, maybe to flee and go back to where they were brought from. The leaves expand and the flowers flourish in a brutal, almost aggressive manner within these glass cages which structure, arrange and file them. In reality it is this struggle between the search for freedom, between the wild, between the chaos which we belong to against the order, the iron structure which doesn’t let us escape from the established rules. Beyond these rules there is again chaos and frenetic life. And this way the struggle smoothly turns into coexistence, where the tubes turn into roots and the water lily leaves into fountains. The colours melt into green and light brown and the oxides of the metals is surrounded by green. The iron structure containing this life orgy is slowly becoming organic but only towards its interiors, only its bowels breathe the oxygen of the plants, towards outside it remains steady, cold but gorgeous.

Maybe this controversy doesn’t get us anywhere, just like the paths which lead to nowhere. Is it struggle for the sake of struggle? The straight line can lead us to the infinite space but the curve can abandon us between flower pots and stale water.

My look in Palmehuset intends to express that if there is a struggle, it is for something that we cannot renounce, the survival of our beliefs, the liberty we are destined for, liberty we sometimes suffer for but which we cannot run away from. Some species with more force, others from the soil or the floor tiles, but all of them grow, develop and create pompous forms full of lust like Bosch showed in his painting Garden of Earthly Delights.

PALMEHUSET

Palmehuset significa Casa de Palmeras en danés. Este trabajo, que comenzó en Noruega, en el jardín botánico de Bergen , es un recorrido entre lo calido y lo gélido, entre lo salvaje y lo estructurado, entre la libertad y el orden más minucioso. Pero también son imágenes que muestran el poder de adaptación, la convivencia y la supervivencia. Palmehuset, son Casas de Palmeras en ciudades europeas, principalmente del Norte de Europa como Bergen, Oslo, Copenhague, Londres, Edimburgo, Lyón, Viena, Salzburgo, Ámsterdam, Berlín, Frankfurt, Lisboa y Madrid. En mi trabajo, en el que muestro series de lugares, de vivencias o de intenciones, se repiten los esquemas de aquello en lo que se deposita la mirada. Estos invernaderos ubicados dentro de jardines botánicos, normalmente olvidados, evocan tiempos pasados en los que se conservaban, como grandes joyas vivientes, especies de otros mundos muy lejanos. Toda gran familia entre los siglos XVIII y XIX poseía su “Jardín de las Delicias” como un lujo exótico. El jardín botánico se mantiene como una isla dentro de las urbes modernas con su ritmo frenético, sus humos de explotación y sus egoísmos.

Siempre viene una estructura dada. Una especie de "piel" que actúa como contenedor de esa Naturaleza artificialmente mantenida. Estas arquitecturas especialmente diseñadas para el engaño de la propia Naturaleza se convierten en lugares de protección. Espacios que nos dan las claves para la adaptación a la realidad cambiante y disfrazada, al mismo tiempo que proponen una ética coyuntural.

En las casas de Palmeras también existe egoísmo, egoísmo por el espacio, por los colores, por las texturas de sus hojas, por la luz. La luz es, en estas parcelas, la que da la vida- igual que en la fotografía- a cada una de las especies que se empujan hacia lo ancho y hacia arriba, quizá para huir y volver a sus selvas de origen. Las hojas se expanden y las flores se abren de manera brutal, casi agresiva, dentro de estas jaulas de cristal que las estructuran, las ordenan y las archivan. En realidad es esa lucha entre esa búsqueda de libertad, entre lo salvaje, entre lo caótico a lo que pertenecemos en contra de lo ordenado, la estructura de hierro que no nos deja salir de lo establecido, un límite ya dibujado, fuera del cual existe de nuevo el caos, el ritmo frenético y los humos. Y así la lucha se transforma apaciblemente en una convivencia, donde las tuberías se convierten en raíces y las hojas de nenúfares en fuentes. Los colores se funden todos en verdes y tierras y el óxido de los metales se envuelve en verdín. La estructura de hierro, que contiene esta orgía de vidas, se vuelve poco a poco orgánica pero sólo hacia sus interiores, sólo sus tripas respiran el oxigeno de las plantas, hacia fuera permanece inmóvil, fuerte, fría pero magnánima.

Quizá esta controversia no nos lleve a ningún sitio, como los pasillos que aparecen repetidos hacia ningún lugar. ¿Es la lucha por la lucha? Mi mirada en Palmehuset pretende mostrar que si hay lucha es por algo de lo que no se puede renunciar, por la supervivencia de nuestras creencias, por la libertad a la que estamos destinados, por la que sufrimos a veces pero de la cual tampoco podemos huir. Algunas especies con más fuerza, otras desde los suelos de tierra o de baldosas, pero todas crecen, se van desarrollando y crean formas pomposas llenas de lujuria como mostraba el Bosco en su “Jardín de las Delicias”.